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Sábado, 23 de Setiembre de 2017

Una verdadera ovalada inclusiva

Un partido de rugby muy especial
Un partido de rugby muy especial

¿Te la imaginarías a Jackie una tarde entera compartiendo experiencias con gente privada de su libertad? Bueno, eso. Anoche, la niña vino a La Cabrera con un buzo by Desiderata parecido a los Uribarri de los ‘80, y hasta sorprendió con zapatos que no eran de Ferraro ni de Sarkany, sino botines Ocelote recién estrenados. Antes de que le dijera “What?” me explicó que ese mismo día (o sea ayer), hizo el kick-off de un triangular increíble, al que bautizaron el Seven del Penal, donde jugaron los conocidos de Virreyes, los pitucos del London Business School y la revelación en equipos de Seven: los Espartanos, un combinado de la Unidad 48 del Servicio Penitenciario, que hicieron su debut en lo que se refiere a partidos internacionales. “Los muchachos, en la charla previa, me pidieron que les diera clase de palabras de bienvenida en inglés para los british”, me dijo la niña, a quien no le pregunté uno solo de los piropos que le deben haber dicho mientras les decía cómo pronunciar “Jelou”. Los players del London Business School trajeron unos 40 jugadores, y ya jugaron un partido en Montevideo y mañana lo harán contra San Martín, el equipo que seguro armó Julián Cohen, quien supo pegarse en los scrums para la Universidad y en algún momento se calzó también la del club de Devoto. Jackie gambeteó el chori en La Cabrera pues venía de degustar los trazables de Cabaña Argentina, y compensó con burbujas de Rosell Boher las Gatorade que tomó en la jornada realizada en el Camino del Buen Ayre mientras veía los partidos de este increíble triangular. Los de Virreyes, además de jugar, aportaron los parrilleros y el carbón para que lo preparen mientras jugaran al costado de la cancha. El pan lo hicieron con sus propias manos los mismos internos en la panadería del penal. “Me pidieron si podía ir a hacer los mandados y comprar tomate, cebolla y morrón, ajo, perejil, aceite y vinagre para que ahí mismo los cocineros de Espartanos hicieran una rica salsa criolla para ponerle a los sándwiches y les dije que sí, aunque hubiera sido más sencillo pedirle un poco de la emulsión de salsa criolla que ideó Gastón Riveira de La Cabrera como dogui bag. Pero todo sea por la causa”, me dijo la blonda, quien prometió mandarme una foto de Julián Cohen con la casaca del encuentro que, estimo, luego donará al Templo del Otro Partido (TOP), mi museo de marketing deportivo. Eso sí… no pongo las manos en el fuego por ninguno de los integrantes del triangular si para conseguirla, mi amiga Jackie propuso un cambio de camiseta con ese buzo Desiderata que trajo, tan retro como los Uribarri de los años ’80. Cuando nos íbamos me mostró un whatsapp que le mandó Julián Cohen mientras yo ponía el gancho en la cuenta. “El evento fue épico, una tarde realmente increíble, con muchas emociones y alguna lagrima”, decía el capo del Grupo Cohen. Creo que el mejor resumen de lo que paso son las palabras de los capitanes: Del capitán de los londinenses (Sud africano): "desde los 6 años juego al rugby, nunca vi tanta pasión en una cancha, es increíble haber jugado en un lugar así" Del capitán de Espartanos: "nosotros estamos acá porque hicimos cosas malas, pero decidimos convertirnos en mejores personas y usamos al rugby para lograrlo". Le di un abrazo a Jackie pues en vez de contarme un datillo ® había privilegiado contarme esta tremenda experiencia. Y entre nosotros… también le di un abrazo para ver si le había roto alguna costilla en el Tercer Tiempo. Viste como son los rugbiers cuando te dan la mano: piensan que están en una montonera. 

Claudio Destéfano

     

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