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Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Una pausa de lectura

Pequeñas historias de gente que hace

Goles para la historia

Si a alguien se le ocurriera hacer en la Argentina un ranking de los goles que más veces se vieron por televisión, seguramente primero estaría el de Diego Armando Maradona a los ingleses. Pero ahí nomás, peleándole el primer lugar del podio, se ubicaría el de Juan Carlos Cárdenas, el famoso “Chango”, que casi rompe la red del Estadio Centenario de Uruguay, que rompió la ilusión de los hinchas del Celtic de salir campeones del mundo y rompió todos los corazones de los hinchas de Racing, pero de felicidad. Hasta hoy se sigue pasando ese gol en blanco y negro, que sirvió para darle alegría a quienes sufrieron 35 años para dar otra vuelta olímpica y motivó la frase inmortal: “de tanto repetirlo, un día la va a tirar afuera”.
“¿Querías explicarle a tu nieto cómo jugaba el Chango Cárdenas?”, dice el sitio oficial de Racing. “Una vaselina, como dicen ahora en la tele, vale más que la foto blanco y negro que todavía guardás en la pieza: encaró por derecha, puso la pausa, y metió un globo impresionante que terminó en gol. Son pocos los que pueden hacer un gol así a los 20 años”.
Cristian Garófalo, también periodista, hasta escribió un cuento que sirve de título a su libro El día que el Chango Cárdenas la tiró afuera. “Desde las pesadillas del mítico delantero académico -obligado a patear de nuevo desde treinta y cinco metros en el Estadio Centenario de Montevideo para coronar otra vez Campeón del Mundo a su tan golpeado Racing- hasta el jugador que vivió obsesionado por convertir un gol, pasando por el DT que le confiesa su amor a la figura de su equipo, el padre que somete a su hijo para hacerlo hincha de Estudiantes, el recio defensor uruguayo que devoraba rivales, o la secta de All Boys que se entregó a los designios de Dios, este libro recorre todos los laberintos del bendito e inagotable mundo del fútbol, demostrando que lo real y lo fantástico pueden jugar el mismo partido. Y si resulta poco creíble que alguien vestido todo de negro, con un banderín en la mano, ensangrentado y sin dientes, se escape de la cancha, corra por la calle y termine en el medio de un bautismo, yo digo: ¿Acaso un arquero de la selección no abandonó su carrera espantado por el fin de la humanidad, volviendo meses después con la sola condición de no jugar los sábados? ¿Cuál es la ficción entonces?”, dice Garófalo cuando presenta su obra.
Un día, si tengo tiempo, yo también escribiré un cuento, en el que narraré qué le dijo el vecino del segundo piso del edificio a Julio Villalonga, actual periodista y dueño de un restaurante ubicado en Las Cañitas llamado SUM, cuando tiró la pelota de rugby y rompió el vidrio. Es que Villalonga supo jugar de hooker en Olivos y, para practicar el lanzamiento de la guinda en el line, no tuvo mejor idea que lanzar la pelota una y mil veces para que cayera en el primer piso de un edificio cercano a su casa. “Pero un día”, pondré en el cuento cuando tenga tiempo, “tomó más Nesquik del acostumbrado, soñó que un jugador de básquet estaba en la línea para recibirla y buscó más altura en el envío. Con tanta buena suerte que no pasó un avión; con tanta mala suerte que estaba abierta la ventana del segundo piso. El crash se escuchó desde la cancha del SIC, en la Zanja, y Villalonga tuvo que hacer trabajos comunitarios para cumplir su pena por espacio de 40 años. Aún hoy se lo puede ver barriendo la vereda del mismo edificio donde la pelota pasó el primer piso y voló al segundo”.
El “Cilindro” de Avellaneda, donde juega Racing de local, aún no tiene pantalla gigante como el Monumental o el José Amalfitani, estadio donde juega Vélez Sarsfield. Cuando la tenga, es muy posible que pasen una, cien y mil veces ese mítico gol del santiagueño Cárdenas en los entretiempos de los partidos que juega la Academia. La idea se la llevará seguramente Ricardo Julio Villa (o Julio Ricardo Villa, según algunos historiadores de la pelota), quien sabe muy bien lo que significa hacer un gol importante y que aún se lo valore.
Villa nació en Roque Pérez en 1952. Hoy su hobby es jugar al golf, pero desde chico corrió detrás de la pelota en Quilmes, San Martín y Atlético de Tucumán, Racing, Tottenham Hotspur, los Strikers de Miami y Deportivo Cali. Ricardo Villa fue campeón del mundo del ’78 y jugó en el Reino Unido. “Viajé con mi amigo Osvaldo Ardiles”, dice Villa en su página oficial. “Fuimos los primeros jugadores argentinos en formar parte de ese equipo y tuvimos un gran reconocimiento por ese club al que llegamos sin conocer demasiado, pero que aprendimos rápidamente a querer. Recién habían ascendido de la Segunda a la Primera División y era el primer año en que se había decidido abrir el mercado a jugadores extranjeros”. Villa ganó dos copas inglesas con el Tottenham, donde jugó desde 1978 hasta 1983. Hoy es ídolo total allá. Hasta tiene una página de Internet (http://www.topspurs.com/thfc-fp-rickyvilla.htm) y el club inglés le dio el premio al Gol del Siglo. Fue el 14 de mayo de 1981 en Wembley, en la final de la Football Association Cup, que su equipo le ganó al Manchester City 3 a 2. Villa metió dos y Crooks, uno. Pero uno es el del premio, uno es el que pasan en la pantalla gigante del estadio del Tottenham Hotspur siempre que el equipo juega de local, y una es la vez que “Ricky” Villa viaja por año a Inglaterra (gastos pagos por la institución) para firmar autógrafos. ¡Ah! Me olvidaba decirte que cobra 13 libras por cada firma.
 
Tres razones, una pasión
En el fútbol, un gol puede ser histórico por tres razones: 1) por la jerarquía del rival; 2) por la calidad atlética y estética de la jugada, y 3) por lo que el equipo anotador logra gracias a ese gol. El famoso gol del “Chango” Cárdenas es triplemente caro para los argentinos en general y para los simpatizantes de Racing Club en particular pues cumple (a falta de uno) con los tres requisitos. En primer lugar, el Celtic FC era en ese momento uno de los grandes equipos de Europa. Fue el primer equipo británico en ganar la Copa Europea (hecho que le posibilitó disputar la final mundial con Racing Club) y fue también el primero en romper la hegemonía campeona española, italiana y portuguesa. En segundo lugar, el tiro perfecto de Cárdenas desde 35 metros de la portería le dio una espectacularidad inusual que fue acrecentada por la “volada” del arquero Fallon. Finalmente, con ese gol se logró el primer campeonato ecuménico de un equipo argentino de fútbol. Todo esto hace que sea uno de los goles legendarios y que garantice una fama que mantendrá mientras exista el fútbol en la Argentina. Situaciones como esta, como el gol de Villa en el Tottenham o incluso el título obtenido por “Mostaza” Merlo en Racing, son íconos con entidad propia para desarrollar merchandising alusivo. Me sorprendí ni bien llegué a Racing con la cantidad de personas que pedían permiso para esparcir las cenizas de un pariente muy cercano en el estadio. Esa fidelidad se presenta como una oportunidad clara de darle pan a quien tiene dientes para empacharse de pasión por los colores que ama.
Fernando De Tomaso
Presidente de Blanquiceleste SA, gerenciadora del fútbol del Racing Club de Avellaneda
  

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