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Jueves, 25 de Mayo de 2017

Una pausa de lectura

Disfrutá el finde con un capítulo del libro “Saberlo es Negocio”, de Claudio Destéfano

Saberlo es Negocio, el primer libro de Claudio Destéfano
Saberlo es Negocio, el primer libro de Claudio Destéfano

Hojear para vivir

Gabriel Griffa sacaba fotos en un casamiento cuando lo conoció a Marcelo Longobardi. Ese día los novios se juraron fidelidad y Griffa-Longobardi pusieron la semilla de lo que luego se convirtió en el paradigma de las revistas de negocios de la Argentina. La llamaron Apertura, se cayó dos veces, la levantaron a puro remo y hoy es uno de los títulos más rentables de Recoletos Argentina, la empresa dueña de prestigiosos periódicos como Expansión y Marca de España. No me referiré a la revista en la cual trabajé durante diez años, sino a un puñado de pequeñas historias de Gabriel Griffa, el verdadero artífice de un éxito.
Una anécdota lo pinta de cuerpo entero. Emprendedor como ninguno y detallista al extremo, Griffa solía llenar su escritorio de decenas de revistas extranjeras. Consultada su contadora, comprobé que invertía alrededor de 200 dólares mensuales en productos periodísticos foráneos. Lo llamativo, lo sorprendente, es que esas revistas apiladas en el desk table no necesariamente eran de negocios, como Fortune, Forbes, The Economist, Barron’s, IFR o Institutional Investor. Lo increíble, lo curioso, es que Griffa leía o simplemente hojeaba mensuarios de temas tan diversos como mascotas, bowling o caballos árabes. “Gaby, ¿qué onda la de comprar este tipo de revistas?”, le pregunté un día. “Para poder pensar un mensuario de negocios es fundamental que me meta en la mente de un publisher que habla de bowling o de caballos árabes. Quiero saber cómo entienden ellos el periodismo, en qué piensan...”
Medio tirada de los pelos la explicación, pero tenía su lógica conociéndolo al personaje. Sin embargo, el círculo cerró cuando la teoría desembocó en la práctica.
Enero de 1993. En ese momento yo era el jefe de redacción de Apertura y, por las noches, trabajaba en la sección Economía de Clarín. Como suele decirme Moria Casán en su programa radial de AM Nueve50, encontré un agujero de negocio. El nicho que detecté fue el de crear una revista que tratara temas exclusivamente para gente de la City porteña. Le llevé el proyecto a Griffa, y me lo aprobó esa misma tarde. Al otro día renuncié a Clarín y, tres meses después, nació La City. El emprendimiento murió en marzo de 1996. Fue una de las tantas víctimas del Efecto Tequila, que se llevó el 70% de los sponsors (los bancos mayoristas que perdieron mucho dinero con los bonos con nombres de medicamentos) y una cifra similar de suscriptores, que se fueron con los bancos...
Pero lo que vincula esta historia a la de las revistas de bowling y caballos árabes es una de las definiciones trascendentes en un producto gráfico: la tapa.
Griffa ni idea tenía de los temas financieros, y ni siquiera leía las notas de la revista. “Vos hacela, te tengo confianza”, fue su frase de cabecera toda vez que iba a mostrarle el sumario. Eso sí, él tenía un capricho, que arrastraba de su bebé Apertura: la tapa.
Yo tenía muy claro que en las 72 páginas de La City hacía lo que se me cantaba, pero la tapa era de él. Y esas cosas no se negocian. Recuerdo como si fuera hoy que el modelo de tapa de La City me lo dibujó en un papel cualquiera en menos de un minuto. “La City en azul, una ilustración grande y abajo tres títulos en rojo con volantas en negro”, dijo. Ni un bocadillo me dejó meter. Estaba cocinada la portada antes de empezar la reunión. Pensé en las 72 páginas para mí y no opuse resistencia.
Fue una emoción ver el primer número en los kioscos, pero más loco aún fue comprobar qué tenía que ver mi emprendimiento periodístico con las revistas de bowling y caballos árabes.
Claudio, te llamo desde Londres para avisarte que tenés que mandarle una carta documento a los de The Spectator”. No entendía de qué me hablaba el banquero hasta que me explicó. “Estoy viendo la tapa y te copiaron el modelo de La City: imagen grande y tres títulos a continuación”. Me reí y le conté cómo era la cosa. The Spectator era una revista de entertainment, no de business, y seguramente Gabriel Griffa se metió en la cabeza de su diseñador para dibujar la tapa de La City. Si hubiera replicado el modelo de LatinFinance o The Banker, hubiera sido burdo.
Y esos partidos, Gabriel Griffa nunca los jugó...
 
Creer en lo que uno hace
El secreto de Apertura es su identidad. La combinación perfecta de pasado y futuro. La posibilidad de proponer y llevar a cabo, la visión necesaria de dos entrepreneurs que lograron convertir su sueño en un negocio rentable y, lo que parecía más complejo, sobrevivir a la crisis y garantizar el trabajo de un dream team, al vender la revista a Recoletos, uno de los principales grupos de medios de España. Pero Apertura es mucho más que una revista de negocios y en eso sin duda ayudó su origen. Es el cariño con el que la recuerda cada uno de los que pasó por su redacción y la pasión con la que la hacemos quienes llevamos el día a día. Es saber que el que se asusta pierde, e intentar, probar, equivocarse y acertar. Pero sobre todo, es creer en lo que uno hace y disfrutar cada mes la placentera gestación de un nuevo número.
José Del Río
Director de Apertura e Information Technology
 
     

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