Suscribir Newsletter Facebook Twitter



10°C
Capital Federal
Lunes, 29 de Mayo de 2017

Saberlo es negocio

Pequeñas historias de gente que hace

Saberlo es Negocio, el primer libro de Claudio Destéfano
Saberlo es Negocio, el primer libro de Claudio Destéfano

El poder de una foto

 
Hay fotos y fotos en un partido de fútbol. La que muestra que la pelota está dentro del arco en un gol polémico, la de un capitán (cualquiera) levantando una copa obtenida, la de Krupoviesa haciendo una patada voladora sobre la rodilla de Montenegro, o la de Pusineri afeitándole la cara a Bobadilla, arquero de Libertad de Paraguay, tienen mucha mayor relevancia que el tradicional “clic” donde se saludan árbitro y capitanes en la mitad de la cancha antes de comenzar un encuentro.
Esa foto que los reporteros gráficos toman de memoria y saben que lo hacen sin sentido (nunca un diario publica el saludo de los capitanes o cuando se revolea la moneda para ver quién elige “arco” y quién “saque”) son fotos que, cuando aparecen por casualidad en alguna edición especial como “Argentina en los Mundiales” de El Gráfico 2006, permiten activar al tercer ojo de un especialista, el ojo del marketing en el deporte.
Nos trasladamos a Alemania, pero no en 2006, sino en 1974. Argentina buscaba la clasificación para la segunda ronda ante el poderoso equipo de Holanda. Algo que pintaba difícil y terminó resultando imposible, porque esa tarde la selección dirigida por Vladislao Cap perdió 4 a 0, con un baile pocas veces visto en un Mundial entre dos candidatos.
Los fotógrafos tomaron la imagen de la entrega de banderines en la mitad de la cancha. Roberto Perfumo representaba a la Argentina, y Johann Cruyff al equipo inmortalizado como “la Naranja Mecánica”.
Los dos estaban sonrientes, pero uno más. Y no lo digo por el resultado, pues en ese momento todavía era una incógnita. Ambos equipos fueron vestidos por Adidas, pero cuando el holandés estiró el brazo pude comprobar que su camiseta naranja tenía dos tiras negras. Y también conté hasta dos en su pantalón blanco al momento de ver las franjas naranjas que escondían la costura de sus costados. Juro que no estoy loco ni es un error de tipeo. Lo dice la foto. Investigué y descubrí el porqué.
Holanda en ese momento era vestido por Adidas (ahora el sponsor técnico es Nike), pero Cruyff era jugador Puma. Y, además, era la gran estrella del equipo donde también sobresalían Neeskens, Rep, Resenbrink, Jansen y Haan. Imagino el diálogo entre Cruyff y el Grondona holandés de ese entonces:
·         Cruyff: Don Julio, yo soy jugador Puma.
·         El Grondona holandés: Johann, tenés que ponerte las tres tiras para el Mundial.
·         Cruyff: Pero yo no quiero porque soy jugador Puma.
·         El Grondona holandés: Pero es la indumentaria oficial de nuestro equipo.
·         Cruyff: Entonces no juego.
Resultado: Todo el equipo holandés jugó con camiseta naranja y tres tiras, menos Cruyff, que usó la misma Adidas naranja, pero con una tira menos.
Hoy parece impensable que cosas de éstas sucedan, pero la historia refleja que alguna vez algo de esto pasó. Y para muestra, basta una foto.
 
La diferencia
La historia de la foto de Cruyff me inspira dos pequeñas reflexiones, que se pueden extrapolar a todo lo que vivimos cotidianamente:
·         Todos los problemas, por más complejos que sean, pueden tener una solución, parcial o total. Obviamente, hay que tomar en consideración el peso específico de cada uno de los involucrados en el asunto. No siempre estamos en condiciones de decir, como Cruyff, “entonces no juego”...
·         La visión de los grandes y los líderes, personajes que habitan este mundo, les permite captar cosas que otros no perciben, o en todo caso, darse cuenta “antes” de lo que otros verán “después”.
Estoy seguro de que mucha gente ni se percató de ese detalle en la foto... Ahí está la diferencia que, muchas veces, es la que construye el éxito.
Daniel Devecyan
Director de Unisol SA
     

Tags: Claudio Destéfano Saberlo es Negocio libro