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Martes, 27 de Junio de 2017

Saberlo es negocio

Pequeñas historias de gente que hace

Ladies & Gentlemen 

Escribir un diario interactivo de negocios como es el DestéfanoBIZ lleva su tiempo, es sacrificado, pero también muy gratificante. Es llegarle directamente a 16.000 personas (en agosto de 2006) cada mañana; es golpear la puerta a su imaginación, a su ingenio, a su memoria, a su sabiduría, a sus conocimientos, a su curiosidad, a su picardía.
Hacer el BIZ significa descubrir de un plumazo, y por sólo un kilo de Persicco, un queso Edam de Magnasco o una Picada & Amigos de Bocatti, cosas maravillosas que se crearon en el mundo. Es viajar con la mente a lugares insospechados. Es meterse en la intimidad de una operación. Es juntarse con un grupo de Bizers (léase suscriptores) a degustar un Revuelto Gramajo por mes, y opinar sobre él. Hacer el BIZ significa tener el mundo en las manos, como dice el aviso de MasterCard.
A propósito, recuerdo que una vez el amigo Joe Fernández, cafetero de profesión (preside Café El Continente) y rockero de corazón (su primer compacto se llama Formas) me contó que le habían llamado la atención las puertas de un baño de no sé qué restaurante donde las letras estaban cambiadas. La “M” era de machos y la “H” de hembras. A todos los sorprendía con los pasos cambiados.
Cansado del Damas y Caballeros o Ladies & Gentlemen, con sus respectivas iniciales, harto de los nenitos y las nenitas, bigotes y trenzas, gaucho y paisana o cualquier otra manera tradicional de determinar qué puerta abrir cuando uno está apurado, salí a la pesca de algo más original. Y a raíz de esa pequeña historia que contó Joe Fernández, se me ocurrió poner un premio en el DestéfanoBIZ para rastrear entre los Bizers qué otros baños creativos había en el mundo. Éxito total, porque cuando arrastré el mediomundo hacia la barca me di cuenta que había cosechado mucho más de lo esperado.
Rodolfo Massone contó que en el barrio Shibuya, Tokio, estuvo en un restaurante donde los baños estaban señalizados con los órganos sexuales. Algo similar vio en Brasil Gisela Busto: en las puertas, en vez de letras, había dibujos más bien abstractos, pero claramente haciendo referencia a los genitales.
Mario Szer contó que el restaurante de Ernestina Pais tiene un solo baño para hombres y mujeres. Una experiencia extraña, al margen de no cumplir reglamentaciones municipales.
Ariel Bernis recordó haber visto algo tan original que nadie lo entendía, en la entrada de un boliche en Pilar. Simplemente figuraba MyH. “Todos dudábamos, entrábamos y veíamos que había un hall, antes del ingreso a los baños, que era mixto, y obviamente ahí sí aparecían los dibujitos (en ese caso un sombrero de hombre y otro de mujer) para diferenciarlos”.
Marcelo Crivelli me contó dos curiosidades: 1) en la vieja silueta identificatoria del baño de hombres en un restaurante, aquella del hombrecito con sombrero, se puede ver que el individuo tiene una mano avanzando en el desabrochado, para ganar tiempo, y 2) hace cosa de diez años, Crivelli era abogado de una conocida cadena de supermercados. Un día el gerente de un patio de comidas de un híper le consultó a qué baño debía derivar a los travestis que frecuentaban el local, aledaño a una zona de color rojizo. Le dijo que “ellas” solían usar el baño de mujeres, para escándalo de cuanta señora era sorprendida allí, que luego derivaba en quejas y amenazas de denuncia. Sin darle la espalda al problema, Crivelli sugirió tímidamente una derivación al baño de caballeros, más cómodo incluso desde el punto de vista funcional. “Dotor, -me dijo el consultante-, ¿usté se imagina llevando al baño a su hijo y que justo al lado haya una mujer haciendo pis parada?”, recuerda que recibió como respuesta Marcelo Crivelli. En el futuro, ¿habrá baños de tercer género?
Otra historia imperdible es la de Enrique Bassino, quien recordó las puertas de un baño en Miami. El de mujeres tenía una foto impresionante de Pamela Anderson como Dios la trajo al mundo. El picaporte era redondo y negro, justo en el pubis de la blonda. No recuerda la puerta del baño de “Caballeros”, porque como quedaba justo frente al de “Ladies”, “quedabas estupefacto cuando salías y te topabas directamente con la Anderson”, rememoró. Pregunta: con semejante “hembra”, diría Joe, ¿qué “macho” hubiera prestado atención a la otra puerta?
 
Particulares baños públicos
Confieso que a mi edad, más de 21 años, uno ha visto todo en la vida en materia de baños. En Nueva York encontré uno que tenía los mingitorios con forma de cálices de flores. Así, uno descargaba los orines en calas, hemerocalis, jacintos, anturiums, y algunos enriquecidos con moscas para que uno afinara la puntería. Pero creo que en materia de baños lo mejor está en Brasil: todos tienen una suerte de artefacto de acero inoxidable, donde uno orina en dulce fila y viendo pasar el arroyo orinoso, dependiendo de donde se ubique; personalmente elijo siempre el comienzo, para no verme obligado a percibir las miasmas que emanan de este amarillento afluente. Pero lo peor está por venir: esto también posibilita un acceso visual límpido y transparente hacia los compañeros de frente a la pared de acero, a pesar de que todos ponen cara de “perdón no me di cuenta” cuando uno le da la cana al voyeur de turno. Una más: en los baños cariocas no faltan los que tienen un inexplicable agujero de unos 30 cm de diámetro en la puerta donde se encuentra el inodoro. De allí que no es raro que mientras te lavás las manos, por el espejo veas la cara de un señor, ligeramente enrojecida por el esfuerzo intestinal que se encuentra realizando, y tanto peor si el sentado es de tracto lento. ¡Un horror!
Alejandro Maglione
Director ejecutivo de la Fundación Ideapyme
Ex fundador de Cuisine & Vins, ex presidente de Carta Credencial
     

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