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Lunes, 24 de Abril de 2017

Palabra Autorizada

Ante la Primera Guerra, neutrales…, by Felipe Pigna

Felipe Pigna
Felipe Pigna

Todavía en 1914 la Argentina era un país relativamente importante en el panorama mundial. Se había generado un particular interés en los ambientes diplomáticos por conocer cuál sería la actitud del gobierno argentino frente al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Ejercía la presidencia Victorino de la Plaza. Como había consolidado sus excelentes contactos políticos y comerciales con Gran Bretaña durante sus diecisiete años de residencia en Londres, optó por la neutralidad. Era una "neutralidad activa" funcional a los intereses británicos, a los que les convenía una Argentina neutral: los barcos argentinos no podían ser atacados y, por lo tanto, garantizaban la provisión de alimentos y cuero al Reino Unido. Como diría el primer ministro inglés Lloyd George, "la guerra se ganó sobre toneladas de carne y trigo argentino" (1).

Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia en 1916 con la guerra europea en pleno desarrollo. El líder radical mantuvo la neutralidad por las mismas razones económicas y políticas que habían decidido a su antecesor.

Pero la actitud de Yrigoyen será mucho más enérgica que la de su predecesor, quien había tolerado pasivamente el ataque alemán contra un consulado de nuestro país en Bélgica, que incluyó el saqueo del edificio y el fusilamiento del cónsul argentino.

El 4 de abril de 1917 un submarino alemán, violando el principio de neutralidad, hundió el buque mercante argentino Monte Protegido. Inmediatamente el gobierno de Yrigoyen le exigió explicaciones al gobierno alemán: "El hundimiento del Monte Protegido (...) constituye una ofensa a la soberanía argentina que pone al gobierno de la República en el caso de formular la justa protesta. (...) El gobierno argentino espera que el gobierno imperial alemán (...) acordará la reparación del daño material" (2).

El gobierno alemán contestó el 28 de abril: "El gobierno imperial se apresura a asegurar al argentino que está dispuesto a dar la reparación por el daño causado y expresa sus sinceros sentimientos de pesar por la pérdida del buque argentino".

Pero dos meses después, otro barco argentino, el Toro, fue hundido por otro submarino alemán y el gobierno argentino volvió a protestar. Finalmente el gobierno imperial aceptó indemnizar a la Argentina. (3).

El desagravio a nuestros símbolos patrios y el pago de la indemnización se hicieron efectivos el 21 de septiembre de 1921 en la base naval de Kiel, a bordo del acorazado Hannover, frente a representantes de los dos gobiernos. Pero la cosa no terminó, porque la prensa difundió el contenido de unos cables reservados redactados por el embajador alemán en Buenos Aires, Karl von Luxburg, donde se sugería a los submarinos germanos dejar pasar o hundir, sin dejar rastros, a los barcos argentinos Guazú y Orán, y trataba así al canciller argentino Honorio Pueyrredón: "He sabido de fuente segura que el ministro interino de Relaciones Exteriores, que es un notorio asno y anglófilo, declaró en sesión secreta del Senado que la Argentina exigiría de Berlín la promesa de no hundir más barcos argentinos. Si no se aceptase eso, las relaciones se romperían. Recomiendo rehusar, y, si fuera necesario, buscar la mediación de España" (4).

Estaban dadas las condiciones para una ruptura de relaciones
, pero Yrigoyen decidió tomar la cosa con calma sabiendo que los partidarios de la entrada de Argentina a la guerra tenían ahora un poderoso elemento a su favor. Don Hipólito ratificó que "no llevaría al país a los horrores de una guerra sólo porque Luxburg lo hubiera insultado a Pueyrredón y a él mismo". En un acto radical declaró: "Argentina no va a permitir ser conducida a la guerra por EE.UU." (5).

Se limitó a decretar: "Entréguense sus pasaportes al señor conde Karl de Luxburg, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Imperio Alemán, quedando terminada así su misión diplomática cerca del gobierno argentino" (6) y le exigió al gobierno alemán que dejara en claro que no avalaba a su ex embajador.


En Alemania, la prensa apoyó la protesta argentina y repudió la actitud de Luxburg. El secretario de Estado Kuhlman se disculpó con el gobierno argentino.

La entrada de los Estados Unidos en la guerra en 1917 instaló un nuevo escenario para los países latinoamericanos. El presidente Wilson intentó arrastrar a los países de la región para que acompañaran su decisión. Yrigoyen se opuso de entrada y resistió todas las presiones, promoviendo la reunión en Buenos Aires de un Congreso de Neutrales.

La idea fue bien recibida por México, Ecuador, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Haití, Paraguay y Perú; mientras que Chile, Colombia y Guatemala plantearon dudas sobre su concurrencia. Washington lanzó una ofensiva contra el Congreso. El embajador norteamericano declaró: "El proyecto de V.E. es muy bueno, pero tendremos que combatirlo porque no les conviene a los Estados Unidos" (7). Las presiones y amenazas yanquis dieron su resultado y el Congreso se convirtió en una reunión bilateral, ya que sólo concurrió la delegación mexicana.

En 1918 el embajador norteamericano le comunicó al gobierno argentino que una escuadra de su país visitaría el nuestro, pero que era imprescindible que Yrigoyen le dirigiera una nota a su colega del Norte, diciendo que la invitación era "incondicional". Yrigoyen contestó que al territorio argentino no entraba nadie "incondicionalmente" y menos una fuerza armada extranjera, y que si insistía con su exigencia, iba a impedir la entrada de la escuadra yanqui.


Washington tardó apenas veinticuatro horas en contestar, pidiendo disculpas y aclarando que todo se había tratado de un malentendido. Reiteraba su pedido de autorización, ahora no incondicionalmente, para que los barcos visitaran la Argentina.

Habitualmente cuando llegaban escuadras extranjeras, el puerto se llenaba de funcionarios y entusiastas porteños con banderitas argentinas y del país visitante. Cuando llegó la escuadra yanqui no había nadie.


Yrigoyen condenó la política intervencionista de los Estados Unidos en América Central
y apoyó la resistencia de Sandino en Nicaragua, trazando así una política exterior con ciertos rasgos de autonomía, en la medida en que ésta no afectara la relación con Gran Bretaña.

En la Sociedad de las Naciones, impulsada por el presidente norteamericano Wilson tras la guerra, la delegación argentina, por órdenes de Yrigoyen, repudió el concepto de guerra de conquista por considerarlo arbitrario e ilegítimo. Abogó por la igualdad de todos los Estados soberanos, la existencia de una moral internacional, la libre navegabilidad de los mares y por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Al no ser escuchadas sus demandas, la delegación en pleno se retiró de la Conferencia el 7 de diciembre de 1920.

     

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