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Miércoles, 13 de Diciembre de 2017

Otra vuelta, otra

Por Claudio Destéfano

Brito-D´Onofrio-Patanian, el otro tridente de River.
Brito-D´Onofrio-Patanian, el otro tridente de River.

Los que saben de fútbol siempre dicen que los equipos se arman de atrás para adelante. Y los que hablan de gestión aseguran que lo hacen desde la cabeza.

Y River se ordenó desde las oficinas para ganar en la cancha. El playón del Monumental que estallaba por unas cosas en tiempos de Aguilar o Passarella, estalló por otras con la gestión actual. Y fue de alegría.

Diplomas para hacerlo tienen los de la cúpula. De Rodolfo D’Onofrio, que cambió full time en La Caja ART por full life en Nuñez, a Jorge Brito (h) y Matías Patanian, que hicieron un “mentirosopart-time con Banco Macro y AA2000.

Desde Guillermo Cascio, que tras años de presidir IBM o de ser gerente general del Banco Ciudad se puso el overol en la Secretaría General del club de Nuñez, hasta Andrés Ballotta, quien resignó horas de abogacía,e Ignacio Amui, que sacrificó horas de la gerencia comercial de La Caja para ver los números como Tesorero y  Protesorero del club, respectivamente, pasando por Gustavo Silikovich (actual gerente general de River), que aportó experiencia de McDonald’s, o Santiago Traynor, que maneja los hilos del marketing de River como lo hizo antes en Natura o Coca-Cola.

Los dirigentes controlaron gastos, pero mejor aún, manejaron sincronizados el siempre peligroso y tentador “ego-management”.

En lo institucional, la paraba de pecho D’Onofrio. Si era de cheques voladores heredados salía a la cancha Brito. En las contrataciones y contratos con jugadores agarraba la pelota caliente el joven Patanian, y para ser de Mascherano en el medio (dicho en forma literal, pues su oficina está ubicada entre la de D’Onofrio y Brito) aparecía Cascio, a quien simpáticamente le dicen Willy, pero es más rudo que Ramos Delgado y Mostaza Merlo en sus mejores tiempos.  

Y el control del “ego-management” se trasladó de la Comisión Directiva a las viejas glorias, que los dirigentes arrimaron al fogón desde el arranque. El Enzo, el Beto, el Pato, el Burrito y Amadeo tienen un rol específico. Todos corren por su andarivel.

La pelota pegó en el palo del Monumental y entró, como en su momento le pasaba a Boca en tiempos de Macri, o a San Lorenzo cuando subió el dueto Lammens-Tinelli, y hasta en Racing, cuando le tocó el turno a Víctor Blanco.

No solo la suerte es la que permite hacer un hoyo en uno o a dar una y otra vueltas olímpicas hasta que maree.
Vale, y mucho, el entrenamiento.              
 
Claudio Destéfano
 
     

Tags: River Plate Rodolfo D´Onofrio Copa Libertadores de América Jorge Brito Matías Patanian