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Sábado, 18 de Noviembre de 2017

La mujer, ese jugador distinto en el equipo

Por Gerardo Carchio

Gerardo Carchio, Director General DOC Consultores
Gerardo Carchio, Director General DOC Consultores

“¡Qué jugador!…..Y no lo ponen”… Cuántas veces asistimos azorados al ver de qué manera desconsiderada algún director técnico de alguna poderosa institución desperdiciaba la posibilidad de poner en el equipo titular a algún talentoso jugador que debía seguir esperando su oportunidad para llegar a tan anhelada posibilidad para demostrar todo lo que era capaz de aportar en el juego.

La historia de la mujer en la empresa ha recorrido un largo camino como parafraseaba el conocido slogan de una marca de cigarrillos que intentaba de manera innovadora captar un mercado femenino para una actividad restringida a los hombres: fumar. Si bien la empresa ha recorrido un largo camino y son muchas las organizaciones que han empezado a entender el aporte singular que la mujer entrega, todavía la inserción del sector femenino en empresa atraviesa por invisibles cadenas que la traban.

Desde entonces la realidad de las organizaciones ha venido progresando a pasos agigantados y hoy la mujer tiene una presencia en la empresa impensada hace 50 años atrás. Una lucha que vino de la mano del logro del voto femenino y de derechos de igualdad fuertemente desplegados desde hace un par de décadas pasando por el acceso a la universidad y muchos otros espacios que les eran denegados.

Si bien la batalla se va definiendo para el lado de la justicia y es cada vez más clara la igualdad de acceso laboral entre el hombre y la mujer, existe una sutil discriminación  y una leve deformación que en algunas circunstancias somete a la mujer a una lucha absurda y desigual por lo incomparable de los sexos a la hora de trabajar y no por la fortaleza y supremacía de uno sobre la otra.

El hombre se ha adjudicado desde tiempos inmemoriales el acceso al trabajo y al sostén económico de la familia. Cazar era cosa de hombres y la mujer en este contexto era la responsable de mantener el fuego, la  protección de las crías y el soporte emocional de ese hombre abnegado que volvía de su día de fatigoso trabajo en busca de un plato de comida caliente y de una satisfacción amorosa que le permita una recarga emocional ante tanta adversidad.

Los tiempos han cambiado dramáticamente esta situación pero el hombre en general y la empresa de manera muy sutil siguen esgrimiendo el “andá a lavar los platos” como la expresión silenciada de mecanismos mucho más sutiles de ubicar a cada uno en su lugar. Frente a tanta adversidad, muchas de las mujeres entendieron que en un mundo de hombres, la mujer debía ser uno más y se apartó de sus dones más capaces para combatir en una arena masculinizada, con las armas que su oponente le proponía en vez de pensar en sus dotes excepcionales. Masculinizó su femineidad.

El famoso “techo de cristal” es el límite invisible que algunas de estas organizaciones le ponen a la carrera de una mujer, permitiendo que ocupen posiciones gerenciales intermedias pero excepcionalmente tienen acceso a  gerencias generales. Al mismo tiempo hasta no hace mucho tiempo para la misma posición, se pagaba más a un hombre que a una mujer.

Quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar en empresas que proponen un real trato igualitario entre el hombre y la mujer, hemos podido ver desplegada la enorme versatilidad que la femineidad le trajo a la empresa desde su natural capacidad de desarrollar en sí mismas procesos de altísima creatividad como es el embarazo y la creación de una persona hasta la flexibilidad emocional que la naturaleza proveyó a la mujer por encima del hombre.

La presencia de la mujer en la empresa le imprime a la misma una mirada integrada e integradora de la organización,  evitando el reduccionismo machista que impregna cada una de las conversaciones que suceden en la misma, llevando a la misma a un enfoque más rico y respetuoso de la diversidad.

La inclusión de la mujer en la empresa condiciona a diálogos mucho más cuidados y respetuosos.

La mujer por su lado debe empezar a renunciar a convertirse en un hombre con polleras y maquillado para disponer de todo su bagaje cultural, emocional e intelectual que la hace distinta y no diferente. Siempre me llamó la atención la idea extendida de que es el esforzado espermatozoide el que va en busca del “pasivo” óvulo para la fecundación. Y no será que la película pueda ser vista al revés, viendo la enorme capacidad de atracción que tiene el óvulo para hacer que viaje hacia ella y lograr en la unión una tarea tan activa y creativa como la de fabricar una personita?

Desde esta imagen en adelante son muchas los paradigmas que se pueden quebrar en el mundo de la empresa donde los modelos de liderazgo y ejecución se han espermatizado  e idealizado en modelos de acción (no es casual que se designe con el termino de ejecutivo a un empleado jerárquico de una organización).

¿Qué pasaría si “ovulizáramos” la empresa? Y dispusiéramos de muchas más capacidades de multiplicación, cambio, desarrollo, creatividad, velocidad e innovación que la mujer como representante del óvulo puede traer a la empresa.

En muchas mujeres con las que he compartido actividades corporativas, el embarazo se constituía en un motor de creatividad y energía que pagaba cualitativamente mucho más que la miserable cuenta de días de parto que no iba a estar presente en la oficina. Es verdad que la mujer se diferencia del hombre porque mientras este solo puede hacer una cosa a la vez, la mujer ha sido genéticamente capaz de desarrollar muchas al mismo tiempo.

En fin, mujeres sigan siendo mujeres en el mundo de hombres que ha monopolizado la empresa. Aquellas que lo entendieron tempranamente han logrado una enorme ventaja competitiva en el mercado. Honda hace sus estudios de mercado a la hora de diseñar un nuevo vehículo con la inestimable opinión de la mujer porque sabe que sus opiniones son imposibles de igualar y porque a la hora de decidir su opinión es fundamental.
 
Director General DOC, Desarrollo Organizacional & Cambio, Business Intelligence/HR Solutions; www.docconsultores.com.
     

Tags: Palabra Autorizada Gerardo Carchio Mujer