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Jueves, 29 de Junio de 2017

La Prensa que nació con la Patria

Por Felipe Pigna

Felipe Pigna, nuestro especialista en Historia
Felipe Pigna, nuestro especialista en Historia

Desde su cargo en la Primera Junta desplegará toda su febril actividad. Participó activamente en la creación de la biblioteca pública y se ocupó personalmente del fomento de la educación, porque, como decía en un escrito: “Nada hay más digno de la atención de los magistrados que promover por todos los medios la mejora de la educación pública” para lo cual promovió la redacción e impresión de un libro de texto con las “nuevas ideas”. Creó la jubilación para todos los docentes. Promovió la instrucción de los militares. Reivindicó a su querido amigo Manuel Belgrano abriendo su soñada Escuela de Matemáticas boicoteada por los personeros del Consulado.

El 7 de junio fundó el órgano oficial del gobierno revolucionario, “La Gaceta”, donde escribió: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de “Gazeta de Buenos Aires”. Se dio el gusto de publicar en sus páginas -a la manera de los folletines por entregas tan de moda en los periódicos europeos de la época- El Contrato Social de su admirado Rousseau, para que la conozca la mayor cantidad de ciudadanos posibles. Como no desconocía el alarmante porcentaje de analfabetismo, ordenó que se leyera desde los púlpitos de las iglesias, lo que puso un poco nerviosos a algunos sacerdotes contrarrevolucionarios.

En realidad, como señala Boleslao Lewin, Moreno, que era un católico practicante, acordaba absolutamente con todas las ideas de Rousseau, incluso las religiosas y así lo expresó en uno de sus primeros escritos de absoluta inspiración Roussoniana: “El culto exterior no tiene una intrínseca relación al objeto a que se determina; ahora es una acción de reverencia doblar la rodilla, y mañana podría ser una señal de burla o desacato”.

La Gaceta, que incluía en todos su números  la frase de Tácito: “Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo”, será mucho más que el órgano oficial de un gobierno, será una tribuna de opinión a través de la cual los ciudadanos del ex virreinato accedían a las ideas más modernas que los iban sacando lentamente de las pesadillas del atraso a los que los habían llevado casi 300 años de educación escolástica.
En sus páginas quedaron grabados emotivos testimonios de los inicios de nuestra revolución, episodios como la colecta para reunir fondos para financiar las campañas militares. Moreno da el ejemplo donando seis onzas de oro. Belgrano, Matheu y Larrea, renuncian a sus sueldos de vocales. En la “Gaceta” van a apareciendo las listas de donantes. Son gente del pueblo pobre, “los que nada tienen, todo lo dan por la revolución”, dirá Castelli. El hombre que había dicho: ‘Quiero más bien correr el riesgo de ser asesinado por servir a mi patria, que presentarme en las calles con el aparato de los tiranos’, partió un 24 de enero de 1811 hacia una misión imposible de la que nunca volvería.
 
Felipe Pigna
     

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