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Viernes, 18 de Agosto de 2017

La Marca del Chapo

Por Marcelo García Sellart, del estudio Berton Moreno & Asociados

El Chapo Guzmán
El Chapo Guzmán

Si alguien imaginara un mash-up de “El Patrón del Mal”, “Breaking Bad” y “Boston Legal” al ritmo de mariachis, y con delicadas notas de realismo mágico, tal vez escribiría la historia de la marca “El Chapo Guzmán”.

La historia de esta marca explotó en distintos medios como resultado de su recaptura con sus sorprendentes costados mediáticos y con la participación estelar de celebrities hollywoodenses y del sur del Río Bravo.

Sin embargo, esta historia es vieja: en 2010, la Srta. Alejandrina Giselle Guzmán Salazar (de quien se dice que es hija del Chapo) presentó las siguientes solicitudes de marca: “El Chapo Guzmán”, “El Chapo” y “Joaquín El Chapo Guzmán”.

Estas solicitudes habían sido presentadas para proteger productos y servicios diversos: joyas, ropa, productos de cuero, juguetes, servicios financieros y de retail.

El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) rechazó el registro de las solicitudes “El Chapo Guzmán” y “Joaquín El Chapo Guzmán”, invocando el Art. 4º de la Ley de Propiedad Industrial. Este artículo prohíbe registrar cualquier solicitud cuyos “...contenidos o formas sean contrarios (...) a la moral y a las buenas costumbres...”.

La Srta. Guzmán Salazar apeló esta decisión; explicó que las marcas no hacían referencia a persona alguna en particular; por el contrario, combinaban una palabra común para denominar personas de baja estatura (“Chapo”) y un apellido común en México (“Guzmán”).

El IMPI coincidió con la definición de “Chapo” y aceptó que los Guzmán son muchos en México; sin embargo, el IMPI también destacó que “...la combinación de tales elementos  desprende la idea de una persona en particular... que es buscada por la Procuraduría General de la República, debido a la comisión de diversos delitos...”.

Por tal razón, el IMPI consideró que “...no sería adecuado ofrecer mercancías o servicios al público consumidor, valiéndose para ello de un alias que genera en la mente del público la imagen de una persona buscada por las Autoridades... en tanto que ello pudiera chocar u ofender la sensibilidad de muchas personas, las cuales son consumidores potenciales...”.

El rechazo de dichas solicitudes fue apelado pero la denegatoria fue sostenida por el IMPI, que citó abundantes notas periodísticas y requisitorias de captura que reflejaban vida y obra del personaje homenajeado por las solicitudes de marca en cuestión.

El lector se preguntará qué fue de la suerte de las solicitudes de marca “El Chapo”; estas fueron concedidas.

La moraleja de esta historia tan particular es que a veces la creatividad cede a la tentación de la realidad y personajes o situaciones que toman estado público pueden ser seductoras para generar branding o acciones armadas sobre parodias de dichos personajes y situaciones. Pero estas jugadas tienen riesgo legal y deben ser cuidadosamente evaluadas.

Sea chapo o alto, se llame Guzmán o Smith, si esta nota le despertó nostalgias de México pues sírvase un tequila, pinche AQUÍ y siéntase El Rey...

     

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