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Sábado, 19 de Agosto de 2017

Escándalo en la Lotería Nacional

Por Felipe Pigna

Felipe Pigna, nuestro especialista en Historia
Felipe Pigna, nuestro especialista en Historia

Un escándalo de tintes pintorescos que conmovió la "década infame" fue el de los niños cantores de la Lotería Nacional. Todo comenzó una tarde de junio de 1942, cuando un grupo de niños cantores se reunió en el Café de los Angelitos en Rivadavia y Rincón. Uno de ellos comentó que conocía a Sabino Lancellotti, un oficial tornero que podría fabricar una bolilla de madera idéntica a la utilizada en los sorteos oficiales de la lotería, que podría ser cambiada por ellos en el momento del sorteo. El resto de los compañeros se mostraron interesados en la idea y el proyecto se concretó durante el sorteo del 24 de julio de 1942, cuando salió el número 31.025 beneficiado con la suma de 300.000 pesos, comprado por los "niños cantores".

La Cámara de Diputados, ante la sospecha de que los "niños" no estaban solos, formó una comisión presidida por el diputado radical por Santa Fe, Agustín Rodríguez Araya, para investigar a la Lotería Nacional. La comisión solicitó y obtuvo la interpelación de ministros y funcionarios y demostró graves irregularidades en el funcionamiento del organismo oficial que iban desde el uso de bolillas de distinto peso a maniobras con los billetes ganadores no cobrados en término por sus beneficiarios. También se demostró que entre la larga lista de compradores del 31.025 había jueces, concejales y ex ministros. De todas maneras, los únicos sancionados fueron los niños cantores Navas, López, Tambore, Sitemberg, Praino, Laddaga y Mañana y el tornero Lancellotti, que recibieron penas de tres a cuatro años, y los casuales compradores del 31.025, que seguían ese número por pálpito o costumbre, que se quedaron sin cobrar su premio porque el sorteo fue anulado. Pero a Rodríguez Araya le interesó particularmente un tema muy grave que vinculaba a la Lotería Nacional -creada por ley del Congreso de la Nación el 30 de octubre de 1895 con el objetivo de sostener la "beneficencia de los menesterosos desamparados, mediante la construcción y sostenimiento de hospitales y asilos públicos"- con la Sociedad de Beneficencia.

Se trataba de la concesión de decenas de la lotería a los "pobres y lisiados" para su venta. Eran miles de decenas que implicaban una importante renta mensual. Cuando el diputado comenzó a indagar se llevó una muy desagradable sorpresa y lo expresó en la Cámara de Diputados: "Tienen decenas parientes de ex presidentes de la República. Hay parientas de jueces, de ex ministros, hay un concejal de Balcarce, hay un cuñado de un ex ministro nacional; tiene decenas una 'pobre señora' que posee 8.000 hectáreas pobladas de hacienda en una provincia del litoral. Hay dueñas de caballos de carrera".
Las investigaciones de la Comisión presidida por el diputado santafecino demostraron que la mayoría de estas verdaderas pensiones vitalicias estaba otorgada a gente cercana al poder y al mundo financiero. Los "indigentes" era una absoluta minoría.

La Sociedad de Beneficencia, manejada por las damas de la más rancia oligarquía, era la vía de distribución de aquellas cuantiosas sumas teóricamente destinadas a los pobres, discapacitados, huérfanos y enfermos. Tomando solamente el año de la investigación de la Comisión Parlamentaria, repartieron entre sus amistades 3.279.000 pesos, en una época en que un trabajador cobraba unos doscientos pesos por mes.

Así era aquella década infame resultado del nefasto golpe de Estado de 1930 que hizo del fraude y la corrupción un estilo de gobierno. Así se incrementaban las fortunas malhabidas de la Argentina mientras la mayoría sufría los rigores de una miseria impuesta en un país exportador de alimentos. Estas mismas damas "de beneficencia" serían las que pocos años más tarde le negarían a Eva Perón la presidencia honoraria de la centenaria entidad, argumentando la "extrema juventud" de la primera dama, desconociendo probablemente que Evita detestaba la "beneficencia" y ya tenía en mente su Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, que en apenas cuatro años de vida haría lo que las damas "benéficas" no quisieron hacer, ni hicieron jamás.

 

Felipe Pigna

     

Tags: Felipe Pigna Historia Argentina Lotería Nacional