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Lunes, 24 de Abril de 2017

Entre votos y ballotage, una reflexión post-final de la Copa América

Jackie hoy puede esperar. La cambio por Gerardo Carchio, a quien conocí en Vistage. Ahora es uno de los polémicos en el Business todos los lunes en FM Cultura 97.9, le deja una pregunta inteligente a los invitados de radiografía, el Programa de los Número Uno, está coacheando al Rata César Rodríguez, uno de los players de Atlas, La Otra Pasión y, cuando le queda tiempo, trabaja en su consultora llamada DOC. Carchio me mandó una reflexión post final de la Copa América que me pareció moportuno compartir.

Mientras las voces de la intolerancia todavía gastan sus últimas ronqueras hasta callar totalmente, y la impotencia que no tolera que nuestra soberbia quede mancillada, sigo asistiendo lastimosamente al saqueo de una generación de jugadores que cargan con la tarea imposible de satisfacer a un monstruo voraz… nuestra argentinidad al palo. Un país que hace mucho tiempo que no le gana a nadie, que sigue mintiéndose cotidianamente con que es el mejor del mundo, que tiene la mejor gente, el mejor fútbol, la mejor carne, las mejores mujer espero insisto, que no gana porque pierde consigo mismo en este vacío entre lo que cree que es y lo que es. Un país que no tiene poco, pero que no tiene tanto y que en ese espacio de vacío, de aire y de humo, se le escapa lo mucho que puede y pierde lo poco que podría. Un país que no necesita jugar los partidos, que los gana antes de que ruede la pelota. Que hace que todos seamos mejores cuando podemos sentirnos extranjeros y que sentimos que cada vez que volvemos a nuestra casa, nuestra madre nos pide tanto que lo mucho que podemos no significa nada. Qué lástima vivir en un país tan insatisfecho, que no nos amemos por el aprecio, que creamos que el desprecio será el estímulo para crecer, que no entiende que la gente crece cuando se supera con el estímulo y no cuando se le muestra lo que le falta y se le dice lo malo que es todavía. He padecido muchísimo esta educación para el lamento, ojalá algunos podamos trabajar genuinamente en una educación para el talento. Para ello nos faltan talentos.....PERDÓN POR AHORA NO HEMOS PODIDO DESARROLLARLOS”.
 
Claudio Destéfano
     

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