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Domingo, 28 de Mayo de 2017

El fondo Patriótico

Por Felipe Pigna

El virrey Liniers parecía estar cumpliendo patrióticamente con lo que el 23 de agosto de 1808 le ordenara José Manuel de Goyeneche, el enviado de la Junta Central de Sevilla, conformada para resistir la invasión napoleónica a la península. Goyeneche había llegado al Plata para obtener obediencia y dineros para la resistencia contra el emperador Napoleón Bonaparte que había nombrado a su hermano José como Rey de España.

Pero aquel “Fondo Patriótico” se fue acumulando en Buenos Aires sin que Santiago de Liniers se mostrara muy ansioso por enviarlo a España.

Los gastos personales del virrey y del virreinato se habían incrementado notablemente. Multiplicó la dotación de empleados nombrando en los principales cargos a amigos y parientes y, con la poderosa excusa de una tercera invasión inglesa, sostuvo una numerosa tropa a la que prudentemente le había aumentado cuantiosamente los sueldos para mantenerla fiel a sus designios.  

Pero la situación se fue tornando insostenible y el 16 de enero de 1809 el Cabildo presentaba el siguiente informe en el que decía claramente que no podía seguir financiando a los ñoquis nombrados por Liniers.

Acosado por todos lados, Liniers decidió hacer uso del dinero acumulado en el “Fondo Patriótico” para pagar sus inconmensurables deudas, lo que provocó una inmediata denuncia del síndico de Cires.

Pero no lograron modificar lo que en Liniers ya se había tornado un recurso permanente: el 12 de diciembre de 1808 volvió a las andadas: “Necesitando en el día fondos en la Tesorería General para el pago de tropas, hará V. E. se pasen inmediatamente a ella los productos de las contribuciones patrióticas en el mes próximo Dios guarde a V. Excelencia muchos años”.

Las presiones del poder económico de entonces fueron en aumento y el Virrey trató de calmarlos en estos términos pasado: ““Desde que V. E. me ha insinuado por su oficio de 24 de octubre último, los clamores con que me dicen instan por el reintegro de las cantidades que por garantía de V. E. han suplido a la Real Hacienda varios individuos de esta ciudad, inclusos en la relación que me acompañó con la propia fecha, he solicitado medios los más eficaces para reunir fondos en la tesorería general con qué verificar el reintegro; pero como son diarias y ejecutivas las atenciones, como a V. E. mismo consta, no es posible ocurrir a ellas y desembarazarse al propio tiempo del reintegro que V. E. justamente solicita”.

Quizás lo único que podría unir a Santiago de Liniers con el coronel Aureliano Buendía, lejos del realismo mágico y de toda ficción, sea que algunos años después frente al pelotón de fusilamiento formado por los soldados de la Revolución a la que él intentaba derrotar, frente a aquel pelotón plebeyo dirigido por su ex compañero de la Reconquista, Juan José Castelli, Santiago de Liniers, había de recordar, probablemente aquella vez que su padre lo llevó a conocer el hielo, pero seguramente, todas las veces que pensó que el tesoro público y el privado eran uno solo.

 
Felipe Pigna
     

Tags: Felipe Pigna Palabra Autorizada Historia Argentina