Suscribir Newsletter Facebook Twitter



16°C
Capital Federal
Miércoles, 23 de Agosto de 2017

Yo quiero mi Muscle Car

¿Quién no quiere una belleza de éstas?
¿Quién no quiere una belleza de éstas?

Hecho fáctico #1: El Martillo de Thor, la armadura de Iron-Man, el Escudo del Capitán América, la fuerza del Increíble Hulk… nada de eso combinado logró vencer a los bólidos de “Rápido y Furioso 7” en los cines argentinos. Vin Diesel y sus muchachos tuvieron más de 3,3 millones de espectadores hasta mayo, contra los 1,6 de los Vengadores.

Hecho fáctico #2: Consultando una página al azar por Internet, podemos contar más de 60 clubes de fanáticos de algún tipo de auto. Obvio son muchos, pero muchos más. Autos clásicos como el Torino, Falcon o Chevy, pero otros más inexplicables como un utilitario como la Fiorino (con perdón de todos los fans y/o propietarios de este noble modelo).

Pregunta: con tanto fanatismo “tuerca” en éstas pampas, ¿por qué es prácticamente imposible cruzarnos con uno de los llamados Muscle Cars por nuestras calles?

La primera respuesta es una obviedad: la nula fabricación en nuestro país. Incluso en los años dorados de la industria automotriz, podemos catalogar tan solo al hermosísimo Torino o a la coupé Chevy como exponentes nacionales. No se enojen los de Ford, pero el Falcon no entra en la categoría.

Según el siempre ponderado Wikipedia, los Muscle Cars son “Automóviles de tamaño medio-grande, con rasgos deportivos y musculosos, cualidades que le hacen muy llamativo y de aspecto "agresivo", con un motor muy potente, un precio de compra relativamente barato y desde luego más accesible al gran público”. Por cuestiones propias de economía e infraestructura, los EEUU fueron la meca de éstos autos con íconos como el Camaro, el Mustang o el Challenger.
Estos monstruos del camino encontraron su gran obstáculo en 1973, cuando la Crisis del Petróleo azotó los precios del combustible. El ahorro comenzó a sobreponerse a los músculos y la industria giró hacia otro tipo de opciones. El resurgir fue un verdadero hallazgo marketinero. Tanto Chevrolet como Ford y Dodge, dieron cuenta del fanatismo y fueron relanzando versiones actualizadas, como el famoso Camaro amarillo de la película Transformers. “Deben costar millones”, podrás pensar. Pero no es tan así. En los EEUU, el precio por un Muscle Car varía mucho según su antigüedad y su edición. Si bien algún modelo particular puede llegar a valer cientos de miles y hasta millones; cualquier persona puede comprar un potente Camaro o Mustang por menos de 50.000 dólares.
Ahora lo que nos entristece de la historia, ¿por qué en Argentina no podemos tener uno? Ni levantes la mano para contestar lo obvio. La importancia de las trabas a las importaciones es algo relevante, pero esto es algo que sucede en los últimos años. El precio del combustible sin embargo creo verlo como un factor vital. Los precios suben constantemente y si bien éste es un rasgo del presente, el mercado de hidrocarburos en la Argentina nunca llegó al nivel de países como Estados Unidos o Venezuela, donde el litro de nafta suele hasta incluso más barato que uno de agua mineral.
Horror de todo tuerca de ley, los motores a gas GNC siguen ganando espacio; y cuando la nafta sigue mandando, los argentinos nos volcamos de a poco hacia motores pequeños, dejando a los 1.6 o 2.0 como los “muchachotes” de nuestras rutas.
Pero, ¿quién no sueña con pisar fuerte el acelerador de un motor de 6 o 7 litros? Con coches amplios y portentosos. Ah, cierto, el caos de Buenos Aires hace imposible estacionar cómodamente un auto que casi equivale a la longitud de dos de los modelos más vendidos actualmente. ¿Los baches? Cierto, los baches tampoco harían simple el andar. Tampoco el estado de las rutas actuales.
Yo quiero mi Muscle Car, pero analizando mejor la situación, con el precio de la nafta, el tráfico porteño, el estado de rutas y calles; creo que no sé si quiero. Creo incluso que la reflexión no pasa en por qué no llega cierto producto, sino en la conveniencia misma de su venta.
El hogar de los Muscle Cars, EEUU, ha ideado un sistema como país basado en enormes rutas, una producción de petróleo a bajo costo (ya sabemos las consecuencias bélicas, eh?) y una industria automotriz como puntal de la economía.
¿Será que deberá escribir otra nota que diga “Yo quiero vivir en EEUU”?
 
Rodrigo San Miguel
@RodrigoSanMigue
Dbiz.today
     

Tags: Rodrigo San Miguel Camaro Mustang Challenger EEUU Ford Chevrolet Dodge