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Sábado, 16 de Diciembre de 2017

¿Dónde estás, Nutella de mi vida, que no te puedo encontrar?

By Rodrigo San Miguel

Nutella, manjar preciado y difícil de conseguir
Nutella, manjar preciado y difícil de conseguir

Primero vinieron por los tampones, no me alarmé porque no soy mujer… Luego fue el turno de las lentes de contacto, no me importó porque tengo anteojos… Pero hace poco, sufrí la problemática de las importaciones en su punto máximo: El Nutella.

En los 80´s, si tenías ascendencia italiana, en algún momento un pariente que no recordás llegó a visitar a tu “nonna” y trajo ese dulce de leche que no era dulce de leche. Tenía gusto a avellanas y un aroma tan indescifrable como adictivo. “¿A qué se le pone?”, pregunté cual niño inocente que era. “A Tutto!”, fue la respuesta del paisano de mi abuela.

Los 90´s trajeron un auge de lo importado con el “uno a uno” patilludo y más allá de los desastres a venir, el Nutella corrió por las calles y locales junto a otros tantos productos.

“Todo concluye al fin, nada puede escapar…”, decían los Vox Dei. Y entre Presidentes aburridos, estallidos sociales, default, presidentes por día y un Cabezón en la Rosada; terminó la convertibilidad y arrancamos la “Dekada”. Yo ya era un joven ardiente de conquistas amorosas y las restricciones dietarias se volvieron una constante, dejando al amado Nutella en el estante de los recuerdos, junto a las medialunas de Atalaya, el Topolino y las Cremokoa (¿cómo no la relanzó la Cámpora, justo que tiene una K?).

Con el tiempo me volví periodista, más específicamente relacionado al business. Me tocó escribir sobre muchas marcas, en mis comienzos relatando noticias más felices como lanzamientos, inauguraciones y desembarcos.

Hoy la tendencia se está revirtiendo, y no son pocas las crónicas que tengo escritas sobre marcas que hicieron las valijas y partieron rumbo a mejores mercados. Ya sé que principalmente se trata de marcas relacionadas con el lujo, algo bastante incompatible con la actualidad del país. Fendi, Carolina Herrera, Louis Vuitton y Calvin Klein, por nombrar algunas, fueron emprendiendo la retirada y vaciando la Avenida Alvear. No me importó porque mucho no camino esa zona.

Llegó el “affaire” de los tampones, y casi le creí al funcionario público de turno cuando dijo que se trataba de “una corrida contra el tampón”. No es cuestión de mandar al pobre hombre al lugar mismo donde se colocan éstos artículos de higiene femenina.

Pero todo cambió hace poco. Una visita a uno de ésos locales gourmet donde uno desearía tener un canasto (y una billetera) tamaño baño para llevarse todo, donde el reencuentro se produjo. Yo crecí, a pesar de las dietas, a lo ancho y a lo largo. Él no, estaba más pequeño de lo que lo recordaba. Apenas 140 gramos, contra mis 90 y tantos kilos. El logotipo seguía intacto, como el de todas las marcas que hacen leyenda. La pronunciación arrastrando la “ele” marcaba una tanada que me llevó a la infancia con la “nonna”, y el precio… que me recordó la actualidad que vivimos.

Demás está decir que pagué lo que hizo falta, dejando de comprar todo lo que me habían encargado que compre. No solo eso. A la semana siguiente, volví por más, aceptando pagar lo que hiciera falta pagar por el tan preciado manjar que me devolvía mi infancia en un boomerang de placer.

No hay más… Difícil saber cuándo volverá”, la parca respuesta del vendedor, no coincidía con el dolor de sus ojos. Era un fanático más.

Hoy camino las calles pispeando cualquier local que pueda tener este preciado manjar. Recolecto información más valiosa que los secretos de Stiuso (by the way, ¿el sabrá dónde comprar Nutella?) y saqueo cualquier establecimiento que llegue a tener este preciadísimo manjar.

Así que, estimados políticos en campaña, si quieren prometer algo para lograr mi voto, ya lo saben… No es la política… Es el Nutella, estúpido.
 
Rodrigo San Miguel
@RodrigoSanMigue
dbiz.today
     

Tags: Rodrigo San Miguel Nutella Importaciones