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Domingo, 24 de Setiembre de 2017

Viví La Plata

By Luciana Palermo

La Plata
La Plata

En el transcurso del agitado día, uno siempre busca un momento para relajarse; para hacer una pausa. Por eso, te invitamos a que disfrutes de esta columna de Luciana Palermo.  ¿Cine? ¿Poesía? ¿Relatos cotidianos?, de todo un poco…

"Todavía no llovía, cuando mi mamá me acompañó a la parada del TALP que queda en Temperley, el 2 de Abril del 2013.

Yo vivía en la cuidad de La Plata desde el año 2011 y, terminado el feriado, me disponía a volver.

En el transcurso del viaje se largó a llover. Si bien era una lluvia fuerte, nadie en el micro podía imaginar lo que estaba sucediendo en la Capital de la Provincia en ese momento.

Yo iba con Paquita en su bolso y, como a mi lado se sentó una nena de 9 años, pronto la saqué y Paquita ya iba a upa de Luz Fabiola (asi se llamaba la niña).

Fabiola anotaba en un cuaderno cosas como mi color preferido y los nombres de los otros perros que tuve. La nena me asombraba con sus preguntas, a la vez que me dejaba en claro que no era una nena muy común...

En City Bell, el micro se detuvo en una estación de servicio. A esa altura, muchos pasajeros estaban al tanto de la presencia de mi perrita y se acercaban para acariciarla o simplemente la observaban. Hasta el inspector del TALP la había festejado y, de hecho, ya la conocía de otros viajes.

Después de media hora de estar ahí parados, ya pierdo señal en el celular. La última llamada que hice fue a mi hermano Mariano, quien me pedía que me vuelva para Adrogué.

Le contesté que eso era imposible y que le avise a mamá que estaba bien, para que no se preocupe.

El chofer del TALP decide avanzar y, a la altura del distribuidor, nos detienen los del Grupo Halcón, diciéndonos que no podíamos ingresar a la cuidad.

Los hombres estaban armados, en medio de un operativo que nunca había visto antes. Mire a los costados. Recién ahí, advertí la verdadera gravedad de la situación. En Tolosa, la gente se había subido a los techos de las casas y pedía ayuda con los brazos. Todo estaba oscuro. Los del Grupo Halcón nos habían anticipado que la luz de toda la cuidad había sido cortada "por precaución".

Estuvimos más de dos horas en ese pico de la cuidad, mientras nos llegaban noticias de las primeras muertes.

Algunos de los pasajeros se largaban a llorar, Fabiola no se despegaba de mi lado y me pedía seguir teniendo a Paquita a upa. Cosa que hizo durante casi todo el tiempo. Despues escuché que le decía bajito (a Paquita) que no se preocupe. Que todo

iba a salir bien. A esta altura yo lo dudaba. Pero, por supuesto no le decía nada.

El chofer era, sin duda, una persona valiente y, contra toda recomendación, (y una vez que los del Grupo Halcón se retiraron) arremetió contra la tempestad y nos pidió que no nos movamos de nuestros asientos. Ingresamos a una ciudad que parecía en guerra, más que inundada. Había autos apilados y árboles caídos. Botes. Vidrios estallados y elementos de todo tipo, flotando en la corriente de un agua roñosa, que, no lo dudaba, también arrastraba muertos.

El colectivo nos dejó en la entrada de un hospital y, desde ahí, nos organizamos en taxis y autos particulares que voluntariamente se ofrecían a llevarnos a nuestros hogares.

Yo me subí a un taxi con otras cuatro personas, antes me despedí de Fabiola y le prometí que iría a buscarla al colegio en el transcurso de esa semana. Y que iría con Paquita.

A mí me dejaron a dos cuadras de mi departamento. Las dos cuadras que caminé, con mi perra a upa, tenían agua negra, que me llegaba a las rodillas. Mi edificio estaba totalmente inundado en la planta baja. Eran las 6.39 am.

Hasta 12 horas después de ese momento, mi familia no pudo tener noticias de mi paradero".

Luciana Palermo

 

     

Tags: Luciana Palermo Viví La Plata relatos poesía