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Domingo, 19 de Noviembre de 2017

Romance en Londres

By Luciana Palermo

Luciana Palermo
Luciana Palermo

A la semana de cumplir 20 años me fui de viaje a Londres. Era en plan de estudios y turismo y me iba a hospedar en la casa de una familia griega durante mi mes de estadía allá.

El mismo día que llegué fui directo al Colegio para asistir a mis clases de idioma. La escuela contaba entre sus alumnos a gente de muchas nacionalidades, entre los que había chinos, turcos, japoneses y algunos colombianos. Argentinas éramos tres nada más: una cordobesa con quien pronto entablamos una linda amistad, una porteña típica y yo.

Desde el primer momento que llegué a la escuela, uno de mis compañeros manifestó un interés romántico en mí. Se llamaba Rustu y como los demás turcos del Colegio, destacaba por comportarse siempre de manera respetuosa hacia todas las mujeres. Recuerdo que yo no le daba bolilla, entonces solía venir a esperarme a la casa de los griegos donde me hospedaba y, como los griegos y los turcos están enemistados por la Isla de Chipre, el dueño de casa no lo dejaba entrar. El turco se quedaba horas sentado en la vereda, esperándome. En una oportunidad, en que nos habíamos ido con la cordobesa a pasar el día a Notting Hill, volvimos tarde y llego para encontrármelo ahí, vaya a saber una desde qué hora. Encima el griego, se encargó de aclararme que el tiempo de espera había sido mucho, para luego agregar que yo no debía darle una oportunidad porque sus costumbres eran muy distintas a las mías (Rustu además era musulmán) y que nunca debía hacer algo que "no haga sentir a mi madre orgullosa".

Eran otras las razones que a mí no me convencían para darle una chance, recuerdo que pensaba que él me iba a impedir conocer bien la ciudad, que era una de las finalidades de mi viaje. Además, claro, los turcos serán muy caballeros en Londres, pero lo quiero ver en Ankara (su cuidad de procedencia). Seguro que ahí las mujeres no podían salir de la cocina, le decía, a lo que él contestaba que para ellos las mujeres eran sagradas.

Pero su insistencia y su buena compañía de alguna manera, terminaron haciendo que salgamos juntos. Y así pasé un mes que terminó siendo aún mas inolvidable.

Para el final (anunciado) de mi regreso a Buenos Aires, él que me había dicho que sólo lloró con la muerte de su abuela, me despidió en el aeropuerto, llorando.

Volví y seguimos en contacto telefónico y por mail durante, al menos, tres años. Al principio, hablábamos de la posibilidad de que yo vaya a instalarme con él en el país donde se encuentre (él solía viajar mucho por trabajo), pero luego las obligaciones con mi carrera y demás fueron disipando la emoción inicial.

Rustu se constituyó como un gran compañero de viaje para mí y, desde ese entonces, también es un gran recuerdo. 

     

Tags: Romance en Londres Luciana Palermo relatos cotidianos