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Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Rodrigo, Patricio y un futuro esperanzador

By Luciana Palermo

Luciana Palermo
Luciana Palermo

De nuevo, volvamos a la Universidad de Buenos Aires. A la época en la que yo era estudiante ahí. Como conté en "Sobre el mito del amor romántico" fue en ese recinto donde conocí el amor, de la mano de Rodrigo.

Podría decir que, después de eso, toda mi vida amorosa se basó en la suma de mis intentos por volver a sentir lo que sentí por él, a los 21 años. Y agregar que hasta ahora todos esos intentos no tuvieron ningún éxito. Ni siquiera con él, porque Rodrigo tiene convicciones marxistas (o de izquierda) muy profundas y no pudo aceptar que yo no los comparta.

Nótese, también que Rodrigo es el único nombre masculino de mis relatos sobre amor (amistad y desamor) cuyo nombre decidí conservar. Por último, quisiera aclarar que salvo Rodrigo, el turco (véase "Romance en Londres") y Patricio (cuya historia narraré a continuación), ningún otro de los nombres que figuran en mis últimos relatos me parecen personas valiosas, ni dignas de conservar. En otras palabras, tengo un corazón  agradecido porque ya no forman parte de mi vida.

Dicho todo esto, volvamos a mi época como estudiante en la UBA. Pasado mi eclipsamiento por Rodrigo y para el final de mi carrera, conocí a Patricio. Durante el año que duró la materia que cursamos juntos, fue mi  amigo y mi confidente.

Patricio no sólo me acompañó durante una operación que tuvo mi mamá, sino que también donó sangre para ella, a pesar de que eso suponía un riesgo para su salud. Me llevaba en auto a la Facultad (él también era de Zona Sur) y como ese año íbamos con mis amigas todos los sábados al mismo boliche (religiosamente, todos), Patricio también venía, así que solía encontrármelo los sábados a la noche.

Fueron mis amigas las que me insistieron con eso de que le dé una oportunidad, que ese chico me quería de verdad, que por eso se la merecía y demás argumentos a los que, al cabo de año, terminé accediendo.

Entonces, pasé los siguientes meses viendo cómo era mejor tenerlo de amigo. Patricio, una vez en la relación, prácticamente dejó de tener atenciones hacia mi persona. Es decir, ya no se ocupaba tanto de mí, sino que celaba todo, incluso el enamoramiento fugaz que yo había sentido por Esteban, otro ex compañero nuestro de la UBA (y sobre quien le hablaba en la época en que Patricio era mi amigo). Como venganza a esto, también se encargaba de darme celos con las amigas que tenía, ya que me aseguraba que había dos que tenían onda con él y que lo buscaban más ahora, que él estaba en pareja.

En conclusión, sigo rescatando al Patricio que fue mi amigo de la Facultad (quien nunca me falló), pero no volvería a elegirlo como pareja. Porque como tal era inseguro y sembraba un clima de desconfianza mutua. Creo que el instinto de una es sabio y si de entrada lo sentí mi amigo, no tendría que haber cambiado aquella situación. Porque al final, me terminé quedando sin ninguna de las dos cosas, excepto con este relato, que brindo a modo de enseñanza.

La vida me encuentra hoy mirando hacia adelante, sabiendo que las cosas no son fáciles, que encontrar un compañero de vida es más complicado para quienes buscamos a alguien que esté a la altura de lo bello y que la situación se complica si tenemos en cuenta que hay poco hombre interesante dando vueltas. Pero como dije, termino este relato con esperanza. Sé, con esa certeza que sólo tenemos los soñadores, que la vida siempre premia a los que saben esperar.

     

Tags: Rodrigo, Patricio y un futuro esperanzador Luciana Palermo relatos cotidianos UBA