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Sábado, 25 de Marzo de 2017

Mi humana y yo

By Luciana Palermo

Mi humana y yo
Mi humana y yo

En el día a día, no podría decirse que la mía es una vida de perros.

Cuando hace mucho frío, veo a mi humana irse antes de que salga el Sol y ni siquiera me molesto en bajarme de su cama (un sommier de dos plazas) para despedirme. Cosa que si hago, amablemente, los días que el clima no es tan inclemente y, cuando cierra la puerta, aprovecho y me voy directo al balcón, a recibir los rayos del Sol.

Cuando vuelve, siempre le hago fiesta. Un poco porque sé que esa es mi tarea principal y, otro poco, porque en realidad me agrada volver a verla.

Después de un determinado tiempo siempre llegan unos días en los que ella no se levanta cuando está oscuro y parece tener mejor ánimo. Entonces, me corre por todo el departamento y jugamos a que yo me dejo agarrar. A la tarde salimos caminando las dos o me sube a un auto. El destino a veces es incierto y otras, totalmente predecible.

Me gusta cuando viene gente y les pido que me levanten, requerimiento al que generalmente, acceden gustosos. Como casi siempre vienen a vernos las mismas personas, el timbre entró en desuso. Yo le aviso a mi humana cuando hay alguien atrás de la puerta y, de acuerdo a mi nivel de algarabía, en ocasiones, ella puede descifrar de quien se trata.

También disfruto llevándome una de sus medias a mi cama o a la suya y después me divierto viendo como las busca. A cada rato, le acerco mis juguetes adonde se encuentre. Excepto cuando está comiendo, porque ese es el momento para aproximarme con cara de lástima que pronto mezclo con llanto, y listo, su comida pasa a ser compartida.

Reafirmo lo que dije al principio: la mía no es una vida de perros. Cuando está mi humana, casi siempre me sienta en su falda y cada tanto me mira fijamente con cariño, acariciándome la cabeza. Mientras repite mi nombre, o lo que que yo pienso que es mi nombre: Paquita, enanita de mi corazón.

     

Tags: Luciana Palermo relatos cotidianos Mi humana y yo