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Domingo, 20 de Agosto de 2017

Las amistades no van y vienen

By Luciana Palermo

Jime, Lu, Ale
Jime, Lu, Ale

Cuando pienso en una amiga, siempre me surgen tres nombres. De personas que me han demostrado con hechos, que de verdad me quieren. El cariño es mutuo, claro y, la experiencia me demuestra con qué facilidad tus amigas sacan lo mejor de vos.

También pensaba si la amistad verdadera es la que sobrevive al paso del tiempo o si, por el contrario, algunas personas sólo aparecen en determinadas circunstancias y luego tomamos caminos diferentes, pero su compañía fue igual de benéfica para nosotros que la de los amigos de toda la vida. Concluyo que en ambos casos existe amistad y si tuviese que definirlo, amigo es el que se alegra cuando estás bien y lo pone triste verte mal, y, en los dos momentos, mejora tu estado anímico. De hecho, está comprobado que una persona que no tiene amigos, se enferma más seguido.

En general cuando me relaciono mucho con alguien, me gusta poder hablar de todo con ella. De temas profundos, existenciales y también reírnos con pavadas. Como busco un diálogo siempre sincero, el lazo crece sin fisura. Y me interesa que crezca lo máximo que se pueda, al punto de llegar a sentirme tan cómoda con esa persona, como me siento conmigo.

Hay una frase que dice que no importa el tiempo que pasen sin verse, si el amigo es verdadero, cada vez que te reencuentres, es como que el tiempo no hubiese pasado y de acuerdo a mi experiencia, la frase es muy real.

En mi vida, la amistad siempre tuvo un papel preponderante. Mi ex jefa solía decirme que soy la persona más sociable que conoce. Es que siempre me gustó el contacto humano, compartir y que me conozcan de verdad, me muestro de la manera más auténtica posible. Es que desde hace rato que entendí que no hay nada más lindo que eso: que a una la quieran exactamente por lo que es. 

     

Tags: Luciana Palermo relatos cotidianos amistades