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Jueves, 25 de Mayo de 2017

Larga vida al rey

By Luciana Palermo

El rey
El rey

El cine logra emocionarnos, hace que le tomemos cariño a un personaje y odiemos a otro; consigue que cambiemos nuestro punto de vista con respecto a temas tan vitales como la eutanasia, enfermedades terminales y tráfico de personas, entre otros. Ese efecto en nosotros lo provoca una buena cinta, en conjunto con actores y actrices más o menos creíbles. Por eso lo que Disney hizo con El Rey León, o mejor dicho, lo que El Rey León hizo con nosotros me sigue resultando algo difícil de creer. ¿Por qué una persona puede conmoverse tanto con la muerte de un personaje dibujado? o, poniéndolo en primera persona: ¿cómo es posible que la muerte de Mufasa me siga haciendo llorar?

Recuerdo que fui a ver la película con mis compañeros de primaria y salí del cine tan compungida que interiormente rogaba que todo haya sido una confusión y que ese león sólo esté dormido. Con ese pensamiento en mente, fui a pedirle a mi mamá plata para una segunda entrada. Ella me preguntó por qué quería verla de nuevo y le contesté que era porque tenía que ver que el león no haya muerto. Insistí y terminó accediendo.

La segunda salida del cine fue todavía más traumática: ahora no tenía dudas de que el rey pasó a mejor vida. Y eso no fue algo que superé fácilmente. A esas dos funciones cinematográficas le siguieron incontables repeticiones en VHS, ya que mis padres me terminaron comprando el clásico. Ya no buscaba consuelo; con el tiempo, al dolor inicial, le sobrevino la resignación y me terminé encariñando con la historia. Que dicho sea de paso, en verdad es fascinante.

Aunque continúo sin poder entender cómo es que un dibujo animado puede afectarnos de esa manera. No ignoro que la mayoría de nosotros llora mas cuando muere un perro en una película que cuando muere una persona, pero ¿cómo podemos atribuirle características humanas a un león dibujado? Que por cierto sí era carismático, padre presente y buen monarca. Lo que seguramente provocó la envidia de su hermano, quien para ocupar su lugar termina asesinándolo fríamente. Porque ese Scar si que era un perverso. Frío y calculador. Tampoco le tuvo compasión al pobrecito de Simba al que convierte en un paria, desterrado y huérfano.

En fin, sigo sin poder contestar a la pregunta. Supongo que esa es parte de la magia de Disney, pero aún así, cuesta entender tanta maldad. Es más, si me detengo un momento, todavía pienso que Mufasa no murió.

Sigue vivo, observándonos desde las estrellas.

Luciana Palermo

     

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