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Lunes, 24 de Julio de 2017

La soledad es buena compañera

By Luciana Palermo

La soledad
La soledad

En el transcurso del agitado día, uno siempre busca un momento para relajarse; para hacer una pausa. Por eso, te invitamos a que disfrutes de esta columna de Luciana Palermo.  ¿Cine? ¿Poesía? ¿La vida cotidiana?, de todo un poco…

La soledad es buena compañera

¿Cuántos de nosotros disfrutamos de nuestros momentos a solas y cuántos, por el contrario, los padecemos?

La misma situación que significa un infierno para algunos, es buscada por otros porque les brinda un encuentro consigo y quizás, el único momento de paz del día.

La soledad nos pone cara a cara con nosotros mismos, nos da un espacio para escucharnos y sólo las personas que en verdad se agradan son capaces tolerarla.

El ser humano, como animal social, siempre ha buscado agruparse. Pero en casi todos los grupos puede observarse que la totalidad es menos que la suma de las partes y esto se debe a que, para poder pertenecer, muchos de sus miembros, renuncian, necesariamente, a una parte de su individualidad. En el mejor de los casos, siguen un estilo que debe respetarse en bloque. Llevado a un extremo, pueden unirse (y a menudo lo hacen) para estar en contra de algo o de alguien. En palabras de Borges: "No los une el amor, sino el espanto".

Cuando queremos herir a alguien, solemos decirle: "Te vas a quedar solo". Sin embargo, no podemos aseverar que el individuo en cuestión viva eso como un insulto. Porque el aislamiento no siempre es desconexión y muchas personas que se encuentran acompañadas se sienten alienadas. En otras palabras, lo que duele no es el hecho de estar solo, sino sentirse solo.

Las personas religiosas que viven en claustros, pasan la mayor parte de sus días de manera solitaria y silenciosa. Eligen ese tipo de vida para sentirse más cerca de Dios. Afirman que de esa forma se encuentran más conectados con El. ¿Lo harían si lo viviesen como un padecimiento insoportable? Por supuesto que no. Y en el otro extremo, tenemos al hombre y a la mujer casados. Ambos tienen hijos, amigos, trabajo, están perfectamente integrados a la sociedad y, sin embargo, con frecuencia manifiestan sentirse solos.

La realidad de la soledad indica que sólo las personas que pueden convivir con ella alcanzan la paz interior. Mientras que quienes le huyen, se condenan a sentirse amenazados por su existencia.

     

Tags: La soledad es buena compañera Luciana Palermo relatos cotidianos