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Martes, 28 de Marzo de 2017

Ir o no ir, esa es la cuestión

By Luciana Palermo

Gym
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En el mes de Septiembre son muchos los que se acuerdan que su cuerpo se puso redondo durante el invierno y que falta poco para ir a la playa. Entonces corren (quizás por primera vez en meses) a inscribirse en el gimnasio. En el que no durarán mucho más de dos meses, tampoco. A estos especímenes los conozco muy bien... porque yo solía ser uno de ellos. Cada Primavera me anotaba y antes de que empiece Diciembre ya me había borrado. Y así todos los años. No duraba, no me enganchaba o, como le sucede a la mayoría de las personas, me terminaba aburriendo.

En Abril, una amiga me contó que en el Club de nuestro barrio habían abierto un gimnasio. Que estaba bien puesto y tenía precios accesibles. Me convenció y fui a averiguar. Empecé al otro día. Lo que más me gustó fue el ambiente distendido e informal, que noté desde un primer momento. No es de esos gimnasios de moda donde van señoras maquilladas y muchachos que son puro músculo. Además, tenemos un personal trainer que nos hace la rutina de ejercicios, pero además nos conversa y nos cuenta chistes. En realidad, creo que su buena onda es la que distiende al resto, creando un buen grupo y haciendo que tus ganas de ir aumenten. Si hago memoria, todos los entrenadores que tuve antes guardaban distancia y no se involucraban con la gente, lo cual hacía las cosas más frías, al tiempo que te quitaba las ganas de volver.

Van a ser cuatro meses desde que me inscribí, todo un récord para mí. Mas considerando que voy casi todos los días y que pienso seguir yendo. Mi cuerpo va cambiando, va mejorando, bah y, a pesar de que reconozco que mi fuerza de voluntad tiene algo que ver en todo esto, el mérito se lo atribuyo mayormente a este gimnasio, que nunca dejó de ser un Club de barrio.

     

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