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Domingo, 20 de Agosto de 2017

Corriendo por Chacarita

By Luciana Palermo

Cementerio de Chacarita
Cementerio de Chacarita

En el transcurso del agitado día, uno siempre busca un momento para relajarse; para hacer una pausa. Por eso, te invitamos a que disfrutes de esta columna de Luciana Palermo.  ¿Cine? ¿Poesía? ¿La vida cotidiana?, de todo un poco…

Corriendo por Chacarita

En el año 2008 ingresé a XXXX, una de las cuatro Consultoras más importantes del país.

Para mi puesto, se habían tomado 100 entrevistas de jóvenes abogados y mi Gerente decidió, al poco de escucharme hablar que el puesto sería mío.

Yo estaba en Inteligencia Corporativa, el sub- sector que manejaba los datos más confidenciales dentro del sector de Forensic. Es decir, éramos los del material más sensible, dentro del área de investigación de la Compañía.

Sólo cuatro personas, incluyendo a mi Gerente teníamos acceso a esas bases de datos.

Aunque investigábamos fraudes y estafas de empresas privadas, el Sector Público también nos encargaba trabajos. Y así es que, al poco tiempo de asumir en la Ciudad, Macri contrató nuestros servicios.

Quería mayor transparencia entre sus empleados y, para eso, averiguar quienes de sus trabajadores tenían un trabajo que se superponía en horarios con el empleo que desempeñaban para la CABA o quienes habían fallecido y seguían percibiendo sus salarios.

A nosotros, como se imaginarán, nos tocó investigar a los muertos.

Un miércoles lluvioso por la mañana, mi Gerente me encargó que vaya al Cementerio de Chacarita y vea los archivos de los muertos que estaban en tierra y también los del Crematorio.

Yo nunca había estado en Chacarita. No sabía que el crematorio estaba adentro del Cementerio, ni, menos, que el lugar era tan inmenso como una ciudad: una Necrópolis.

Le dije al chofer del taxi que me espere y luego de ir a la parte de Archivos que estaba afuera, ingresé al cementerio. Tomé como referencia una pared de nichos, como para recordar por qué entrada volver a salir.

Al cabo de veinte minutos de caminata, no encontraba el Crematorio, ni gente, ni carteles que me puedan guiar a la entrada de nuevo. Lloviznaba y el miedo de aparecer yo misma muerta entre las lapidas que iba viendo, logró vencerme. Entonces, decidí empezar a correr. No sé por cuánto tiempo corrí. Lo que si es que por mucho que corriera, no lograba dar con ninguna salida, ni con ningún ser humano...vivo. Sé que en algún momento, empecé a gritar pidiendo perdón por saltar las lápidas y las cruces. Pasaba por los edificios que tienen nichos, con sus oscuros subsuelos y pensaba que si alguien me cruzaba en ese momento, me podía pasar cualquier cosa. De repente, me sentí dentro de una película de terror, en la que, estaba segura, el desenlace iba a ser fatal. Hasta que, vaya a saber cómo, después de 45 minutos de corridas, llegué al Crematorio. Entré al trote. Y pregunte si en ese lugar había alguien.

Un hombre como salido de un cuento de terror abrió una puerta y dijo:
- Si?

Pensé que quizá yo ya había muerto y, como no me había cuenta, podía ver y hablar con los muertos. Porque el color no llegaba a esa cara y aquel hombre tenía los ojos como delineados. De todas formas, le expliqué que me había perdido, que no tenía señal para hablar con mi celular y le pregunté si ahí había. Me contestó que me tranquilice, que en el crematorio siempre había señal y, ante la pregunta sobre los archivos, me contestó que el mismo bajaría los biblioratos para que yo los vea.

Llamé a mi Gerente y le dije lo que me había pasado.

"Te llamé miles de veces" me contestó el.

Al cabo de unos minutos, miré los ocho biblioratos y encontré al menos, nueve personas, cuyos datos coincidían con los que buscábamos nosotros.

Llamé la taxista y le dije que lo esperaba en la escalera del crematorio. Me dijo que sabía cómo llegar, que lo espere ahí.

Al cabo de unos minutos vi, entre la lluvia, venir al taxi, para buscarme.

Esa fue una visión del Paraíso.

 

     

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